viernes 2 de enero de 2009

Poesìa de Betty Fantini

CAYASTACITO

Pueblo amado.

Sol. Plaza. Verde.

Crisantemos por doquier.

Campos reverdecidos.

Calles polvorientas del verano.

Cayastacito:

Pueblo bien amado.

Pájaros inundando

de arrebol el camino.

Y en el anochecer sobre el arroyo

Bandadas de patos y bandurrias,

Allá a lo lejos tuyangos…

En los árboles, Salpicadas de cardenales las ramas.

Bandadas que se alejan raudamente,

Perdices que se levantan silbando a nuestro paso.

Gallitos del agua.

Liebres en loca carrera nocturna,

Otrora bizcachas.

El teru teru que se alborota ocultando su nido.

Los aromitos florecidos.

Toda la naturaleza

Volcada sobre ti como un manto.

Ya tu visitante dominguero no suspira

Al descubrir en la curva, de tu Iglesia el campanario.

Su último domingo,

Dios quiso que estuviera allí

Donde era feliz,

Gozando en tus campos.

Por única vez, las flores fueron su entusiasmo.

Él las eligió.

Las eligió de Cayastacito.

Goralski, Lazzaroni, Bengochea,

¡Cuántos campos

Guardarán sus pisadas!

El Tigre, Los leones.

Su figura en las lagunas reflejada.

Miro a lo lejos

Allá viene con andar lento

Con su escopeta descargada.

Un manojo de perdices

En la perdicera a su cintura atada

El sol ya se apaga…

Así lo quiso Dios…

Cardenales,

Perdices,

En el arroyo gallitos del agua

El sol ya se apaga…

Cayastacito:

Nuestra familia te ama.

Cayastacito:

¡Nos liga a ti una ausencia

Que el corazón nos embarga!



A la memoria de Daniel Guillermo Velázquez (Negro o Nene) para quién el pueblo de Cayastacito era un bálsamo.



Betty Fantini

Ci.Es.Pa

Círculo de Escritores Paivenses

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domingo 7 de septiembre de 2008

El orden natural de las cosas. Algo para pensar..

En una cena de camaradería en el Club CILSA de la ciudad de Santa Fe, que aglutina especialmente a amigos y familiares de niños con capacidades especiales, el padre de uno de estos chicos pronunció un discurso que nunca será olvidado por las personas que lo escucharon.

Después de felicitar y exaltar a la institución y a todos los que trabajan por y para ella, este padre hizo el siguiente razonamiento:

-' Cuando no hay agentes externos que interfieran con la naturaleza, el orden natural de las cosas alcanza la perfección. Pero mi hijo, no puede aprender como otros chicos lo hacen. No puede entender las cosas como otros chicos. ¿Donde está el orden natural de las cosas en mi hijo?

La audiencia quedó impactada por la pregunta. El padre del niño continuó diciendo:

-' Yo creo que cuando un niño como Facundo, física y mentalmente discapacitado viene al mundo, una oportunidad de ver la verdadera naturaleza humana se presenta, y se manifiesta en la forma en la que, otras personas tratan a ese niño.'

Entonces contó que un día caminaba con su hijo, por la vereda de un pequeño club de barrio, donde, tras un alambrado, algunos chicos jugaban al fútbol;

...Y Facundo le preguntó:

-¿Crees que me dejen jugar?

...El padre sabía que a la mayoría de los muchachitos nos les gustaría que alguien como Facundo jugara en su equipo, pero también entendió que si le permitían jugar a su hijo, le darían un sentido de pertenencia muy necesario y la confianza de ser aceptado por otros a pesar de sus habilidades especiales.
Ingresaron entonces, por una abertura del alambrado, y cuando (en el transcurso del partido) se les acercó al sitio donde estaban parados, el chico que tenía la raída cinta de Capitán de uno de los equipos, el padre le preguntó (sin esperar mucho) si Facundo, podría jugar... El chico miró alrededor, como buscando alguien que lo aconsejara y dijo:

_' Estamos perdiendo por dos a uno... Y al partido le quedan unos quince minutos... Supongo que puede unirse a nuestro grupo de suplentes y trataremos de que entre un rato antes del final.'

Facundo se desplazó con dificultad hasta 'el banco de suplentes' y con una amplia sonrisa, se puso una camiseta del equipo, traspirada y abandonada en el suelo por un jugador reemplazado que, fuera de la cancha, se encontraba frotándose un tobillo hinchado.

Mientras Facundo se sentaba entre el grupo de los que esperaban su posibilidad de jugar, su padre lo contemplaba.
Los otros chicos notaron algo muy evidente: la felicidad del padre cuando su hijo era aceptado.

Cuando faltaban cinco minutos para terminar el partido, el equipo de Facundo logró empatar el encuentro, con un verdadero 'cañonazo' desde la mitad de la cancha, que sorprendió al encandilado arquero al venir del lado del sol, pues ya caía la tarde...

Quedaban algunos instantes cuando ocurrió otro hecho notable: una mala entrega de un defensor adversario permitió al centro delantero 'del equipo de Facundo' hacerse de la pelota en el área y cuando se aprestaba a definir con muchas posibilidades, el defensor, ofuscado por su desafortunada jugada anterior, lo 'barrió' desde atrás; el árbitro pitó sin titubear:

-¡Penal! ¡Penaaal sobre la hora...!

En medio de los acalorados festejos del equipo, por la incomparable oportunidad de ganar y '¡sobre la hora!' al tradicional oponente, se vio que el centro delantero, encargado principal de patear los penales, apenas podía ponerse en pie por el fuerte golpe recibido.
Fue allí que el muchachito con la cinta de Capitán convocó al grupo de jugadores que deliberaba sobre quién patearía la pena máxima y les indicó a todos, a voz en cuello y señalándolo a Facundo:

-¡Tenemos entre los suplentes al mejor pateador de penales del equipo! ¡Nos queda un cambio!

Y dirigiéndose al árbitro le indicó:

-¡Yo salgo!. ¡Y él entra a patear el penal!

El referí autorizaba el relevo de los jugadores, en medio de la sorpresa del resto del equipo, mientras el Capitán se dirigía hacia Facundo, sentado aturdido en el borde del campo. Llegó a su lado, le dio la mano y... de un tirón lo puso de pie, le dio un ligero abrazo y cuando se alejaba despreocupado, giró y le gritó:

-¡Suerte!...

Facundo, obviamente extasiado sólo por estar en el juego y en el campo, sonreía de oreja a oreja.
Su padre lo animaba desde un poco más lejos mientras en su cabeza un torbellino de preguntas se sucedían sin control: _'con esta oportunidad, ¿le dejaban patear y renunciaban a la posibilidad de ganar el partido?!'

Sorprendentemente, Facundo ingresó a la cancha.
Sus dificultosos pasitos y su desmarañada figura, indicaron a todos los jugadores del campo que un certero disparo por parte de Facundo era imposible. Así hubiera sido un teórico experto en fútbol, todos se dieron cuenta de que no podría, quizás, hacer llegar la pelota al arco.
Sin embargo, mientras se paraba delante de la pelota ubicada en el círculo, a doce pasos del arquero oponente, el padre de Facundo pensaba en lo bueno que sería que... el otro equipo... estuviera dispuesto ... a perder ... para permitirle a su hijo tener un gran momento en su vida!

Facundo se movió unos pasos al frente y golpeó la pelota muy suavemente. El arquero, que supo obviamente la dirección que llevaba el balón, se arrojó hacia ese costado..., ¡pero como para 'sacarla' desde el ángulo superior del arco!... mientras la pelota ingresaba apenas rodando bajo su cuerpo... ¡y trasponía la línea del gooool!!!

El árbitro convalidó el tanto y pitó dando por terminado el partido. Facundo, con sus brazos en alto, rebosando de felicidad, giró la cabeza mirando a su padre... mientras los jugadores de ambos equipos lo vitoreaban y abrazaban como, el héroe que convirtió el gol que dio a su país el campeonato de fútbol...

- ' Ese día', dijo el padre, 'los chicos de los dos equipos ayudaron, dándole a este mundo, un trozo de verdadero, cálido y prístino amor humano'.

'El amor y la grandeza también forman parte del orden natural de las cosas'.

Facundo no sobrevivió otro verano.
Murió ese invierno... sin olvidar nunca, haber sido un héroe... y haber hecho a su padre muy feliz...



PD: Mandamos cientos de bromas por correo electrónico, sin pensarlo dos veces, pero cuando nos llega un mensaje como éste, sobre las opciones de la vida, dudamos en reenviarlo... tal vez lo estés considerando también... pero pensá que tus contactos son los 'apropiados' para este tipo de mensajes. Quien te lo envía, supone que juntos podemos hacer la diferencia... Nosotros tenemos miles de oportunidades cada día... para ayudar a que se realice 'el orden natural de las cosas' ¿Y las aprovechamos ...?

Un sabio dijo una vez que:

'Toda sociedad será juzgada por como trata a los menos afortunados'.
¡Buena vida!

Alicia CardozoDpto. de Relaciones Institucionales


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jueves 8 de noviembre de 2007

Ensayo sobre la Solapa y el Pombero.


DE LA SOLAPA Y DEL POMBERO: UN POCO EN BROMA Y UN POCO EN SERIO
Y DE UNA MUY LINDA CANCIÓN DE CUNA, PARA LAS SIESTAS DEL VERANO

He visto en el blog que se han ocupado de la Solapa... ¡ ya era vieja y “fiera” en los tiempos en que mi abuelo intentaba controlarme con ella, amenazándome con sus terribles maldades, en las tórridas horas de la siesta, allá en Cayastacito ¡ (la verdad sea dicha: Don Amaranto, tenía muy poco éxito en ese esfuerzo, felizmente...)

¡ Cómo estará ahora de decrépita y arrugada ¡ ¿ o se habrá hecho un ‘lifting’ y/o un ‘peeling’, y/o/u otros estiramientos cutáneos varios ? ¡ Si hasta es capaz de haberse hecho colocar siliconas en las... las...(ejemmm) y también en...en...(otra vez ejemm) ¡ (para menear más vistosamente esta parte, claro, tal como hacía aquel político que “robaba para la corona”, que era hombre de los pagos de las uvas y de la poma).

Y, sin embargo - bicho o vieja terrorífica, engendro metafísico o lo que fuere -, pese al paso de los años y los previsibles achaques de su vejez, sigue ejerciendo su antigua e innoble profesión: siempre disfrutando del repudiable placer de asustar a los chicos. Y, ¡“pa’ pior”¡, en las mejores horas: las de la siesta, en verano.

Pregunto, ahora que (pingüino mediante) está fácil: ¿ Ese ser detestable, no pensará jubilarse ...? El que la vea primero está autorizado a decirle que me ofrezco a hacerle - ¡¡ gratis ¡¡ - los trámites en la ANSES.

La verdad es que no lo voy a hacer por ella, porque no merece “acogerse al goce de los beneficios previsionales” quien ha dedicado su vida a una actividad tan repudiable: ¡ lo voy a hacer por tantos zambullones y “mojarriadas” que se pierden los chicos en el arroyo de Cayastacito, por su culpa ¡

Levanto solemnemente a la faz de la tierra esta justa protesta: ¡¡¡ Oíd mortales, oíd ¡¡¡: Ese bicho (o “bicha”), o vieja bruja, o bruja vieja, o todo eso junto y más todavía – o lo que haya sido ayer, sea hoy o fuere mañana y siempre, hasta el fin de los tiempos -, por muy Solapa que se llame, no tiene ningún derecho a privar a los chicos de las inolvidables sensaciones y estremecimientos de placer que provoca el agua fresca sobre los cuerpos a 40°, 45° o más grados ¡¡¡ (en la escala de Celsius; no la de Farenheit).

Embargado del más profundo dolor imaginable y transida mi alma de la más infinita tristeza, salgo “ a preguntarle a los hombres sabios”:
¿ qué cosas valiosas podrán recordar mañana los chicos de mi pueblo, cuando lleguen a mayores sí - por miedo a ese engendro llamado Solapa - no se pueden escapar al arroyo ...?

Y - ¡encima¡ -, como si fuera poca la pérdida de los chapuzones acuosos, se ven privados del placer inigualable de saborear la exquisitez de unas cuantas mojarras fritas (cuanto más mal apretadas en la panza, más sabrosas, cualquiera lo sabe. No hay en esta afirmación ningún mérito personal ni descubrimiento gastronómico alguno; es de la más pura “herencia cultural” y comprobado empíricamente, lo juro).

Si alguno creyese que estoy exagerando, que el desarraigo “me tiene chapita”, o que - a suerte de moderno Don Quijote jurídico / leguleyo -, se me secó el seso, de tanto leer “autos caratulados xx” (en vez de novelas de caballería, como las que leía el personaje del genial manchego), o que estoy atacado de cualquier otro desequilibrio intelectual o espiritual, está invitado a leer el blog de Cayastacito y podrá comprobar por sí de modo irrefutable, que los recuerdos de bañarse y pescar en el arroyo, ocupan un lugar central - y recurrente - en el alma de quienes venimos a hacer la catarsis en el sitio.

Lamentablemente, no son sólo los chicos de mi pueblo los sometidos a esas “bárbaras privaciones”, mediante el empleo de esos engendros aterradores. En todo el nuestro norte, desde la provincias de Corrientes hacia arriba, el Paraguay y el Sur del Brasil, pasa lo mismo. Sólo que allí no es nuestra Solapa la que impera; allí el miedo pavoroso es impuesto por otro ser malvado, que responde al nombre de “Pombero”.

El ’susodicho’, tiene a su cargo cumplir con las mismas funciones innobles que nuestra temible conocida coterránea. Esto es y quede claro: ambos son crueles privadores del inalienable derecho al libre albedrío, del que debieran disfrutar ilimitadamente todos los niños, en las siestas del estío.

El Pombero se diferencia de la Solapa en que tiene - digamos – una “aplicación utilitaria” o una “incumbencia” considerablemente más amplia que nuestra terrorífica “amiga”: lleva al monte a los chicos malos y desobedientes (y también a los buenos, se murmura); defiende a los pájaros, si se los hondea; manda sequías espantosas; inundaciones de antología; lluvias superiores a las del diluvio universal; etc., etc... (Mal que nos pese, debemos admitir que nuestra Solapa no llega a esos niveles de perversidad).

Lo cierto es que el susodicho castiga o premia – a él le da lo mismo una u otra cosa -, despreocupado olímpicamente de todo sentimiento de equidad y/o justicia (a modo de la Diosa Fortuna de los griegos, que soplaba bienes o males a capricho, sobre el destino de los hombres).

No se sabe muy bien como es físicamente, por lo que se cree que esta dotado de la facultad de poder adoptar diversas formas.

Así, a veces, tomaría aspecto antropomórfico: Se lo describe como un hombre bajito, de sombrero puesto hasta las orejas; morocho (¡cuando no un negro, haciendo de malvado¡) y muy peludo, de barba crecida, bigotes largos y muy pobladas cejas; deforme, en tanto tendría los pies para atrás (para confundir al rastreador); libidinoso y atrevido con las chicas (y las no tan chicas, porque no es ingrato ¡eh¡); etc., etc.

En otras oportunidades, asumiría formas antropozoomórficas: Se afirma que se parece a un carpincho (o ‘capibará’) erguido sobre las patas traseras. Lo que está claro es que su fealdad es tanto mayor, cuanto más grande haya sido “el julepe”, del que tuvo la desgracia de que “se le apareciera”.

Y, sin embargo, pese a las ocupaciones detestables a las que se dedican esos dos, ambos aparecen – a todas luces inmerecidamente - en poesías. Por ejemplo, a una Chamarrita sobre la Solapa, se puede llegar a través de una de las conexiones del blog.

Leer esa composición poética, me condujo a recordar una bellísima canción de cuna, pensada para que las madres llamen el sueño de sus hijos, en las tórridas siestas del verano.

Se titula “ Niño Rhupá ” ( o: “Niñorhupá”), que en lengua guaranítica significa “lecho de niño”. Como también es ese el nombre dado a un árbol, pienso que es posible imaginar una cunita construida con la madera de esa especie, como punto de unión o convergencia de los elementos lecho y árbol.

La dispersión geográfica de esa especie forestal, se extiende desde la provincia de Corrientes hacia el norte, y crece en abundancia en la Selva Tucumano – Salteña.

En la poesía, se encuentran presentes elementos sagrados y profanos: el Niño Jesús y el Pombero, en su diminutivo. Es decir, hay sincretismo religioso, lo cual es bastante corriente en las regiones del NEA y del NOA.

La canción fue interpretada magníficamente por Jorge Cafrune, entre otros. Se las dejo y me despido.

NIÑO RHUPÁ
Letra: Albérico C. Mancilla
Música: Edgard Romero Maciel

La siesta se ha puesto rubia;
El sol dorándola está,
Y con su aliento ha quemado
Las espigas del maizal.

No salgas, hijo, al camino
Que junto al espinillar
El Pomberito de espera
Y al monte te ha de llevar.

Duerme, mientras yo cuidaré
Que ninguno turbe tu paz,
Y que venga el Niño Jesús
Contigo en el sueño a jugar.

En el monte está la torcaz
Arrullando un canto por ti
Y ha callado el viento su voz,
Porque puedas, hijo, dormir
Y puedas conmigo soñar;
Duerme, duerme ya...,
Duerme, duerme ya...,
Duerme, duerme ya...

Investigación y edición: Guillermo Horacio Gerarduzzi.
Gracias tío por tu colaboración.

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domingo 1 de julio de 2007

Cayastacito Escudo



Escudo confeccionado por la Sra. Genoveva de Oroño el 10-11-1973. Copia aportada por Fabian García.

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sábado 30 de junio de 2007

Plano del pueblo Cayastacito, Santa fe, Argentina

Mapa satelital de Cayastacito a partir del programa
www.google-earth.es




Plano redibujado a partir del original aportado por Fabian Garcia

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domingo 24 de junio de 2007

SITIO EN CONSTRUCCION

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